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El ser humano y el lenguaje astrológico: Fases de un vínculo.

 

Cuando percibimos la vida a través del sistema simbólico de la Astrología podemos registrar que cada entidad existente está en íntima relación con todas las demás dado que revela nuestro vínculo con los lejanas y distantes cuerpos del Cielo. Todo es relación. A su vez, el lenguaje astrológico nos revela que esas relaciones implican procesos que tienen un ritmo cíclico, un orden matemático circular que implica fases: Las estaciones del año, el día y la noche, la relación entre el sol y la luna que se nos evidencia cada noche, la infancia, la niñez, la adolescencia, la juventud, la adultez y la vejez… generación tras generación.

Así podemos decir que en la relación entre el ser humano y el lenguaje astrológico observamos fases. En la ponencia que realicé en el Congreso de Astrología de Chile en el año 2018, presenté un breve recorrido de esas fases a nivel colectivo global que implicaba el marco de la historia de la especie y diversas corrientes astrológicas que fueron surgiendo a cada momento. En este texto me propongo abordar cómo en cada ser humano parece repetirse el mismo fractal cíclico.

¿Qué le sucede a un ser humano cuando se topa con el lenguaje astrológico y siente un magnetismo hacia él?

La astrología, profundamente devela un hecho de extremada complejidad: que lo que percibe es lo percibido, es decir, que ser humano y cosmos somos una sola cosa, discriminada en matices y dimensiones interconectadas, que se expresa con una lógica sincrónica que se hace visible en el día a día de la especie humana en su interacción. Visibiliza que los seres humanos, somos entidades energéticas, en tanto recorte de un fluido vibratorio que implica un pulsar al unísono con el sistema solar del cual formamos parte y que irradiamos, cada uno, cualidades que se engarzan matemáticamente con los otros en un tejido que borra las fronteras de lo que nuestra percepción considera como adentro y afuera.

Esta percepción, implica una transformación sensorial y cognitiva de tal envergadura en cada sistema nervioso que, lógicamente no puede hacerse inmediata. Pero, al mismo tiempo, implica un potencial que inevitablemente atrae, cada vez a más personas.

Hay un camino para ir llegando de la primera invitación simplificada de la descripción caracterológica de las personas de acuerdo al signo del zodíaco donde está emplazado el Sol al momento del nacimiento, la extendida noción de: “de qué signo sos” hasta captaciones de mayor complejidad. Y hay distintos grados de interés y de atracción en cuanto hasta donde recorrer cierto camino y eso debe ser tenido en cuenta, sin juicio ni crítica, sino simplemente como el hecho de las necesarias y valiosas diferencias entre todo lo que existe.

Sin embargo, existe el peligro de creer que los diferentes niveles de complejidad en los que se aborda un paradigma implican lo mismo y, sobre todo, es necesario investigar es qué fase de la relación con el lenguaje astrológico se está atravesando, dado que esta implica diferentes estados de la mente-cuerpo tanto del lado que transmite la información, como del lado que lo recibe.

¿Es el estado de una mente curiosa que se divierte y se entretiene con las clasificaciones caracterológicas? ¿Es la mente tecnológica-controladora que cree que ha descubierto una herramienta que le permite modelar su vida de acuerdo a sus deseos de mejorar o desarrollarse? ¿Es la mente con ansias de saber más buscando seguridad en ese supuesto saber? ¿La mente excitada y deseante que busca el último objeto de consumo en la moda masiva para participar de un determinado tipo de experiencia o conversación colectiva? Preguntas que enumeran algunos de los estados de la mente-cuerpo que inevitablemente conviven en todos los que formamos parte de esta inquietante especie que llamamos humanidad.

Por lo que he ido observando a lo largo de los años en el proceso de estudiantes de astrología, me atrevo a plantear el siguiente esquema de fases-estados, teniendo en cuenta de lo que se plantea de forma secuencial implica superposiciones:

1.       Curiosidad

2.       Fascinación

3.       Duda y comprobación

4.       Auto-referencia: que el lenguaje me explique a mi

5.       Comprensión cognitiva de la lógica de correspondencia adentro-afuera y captación de patrones

6.       Herida narcisista-Desilusión

7.       Reconfiguración sensorial-mental de la mirada-Complejización de la sensibilidad

La primera fase podría ser llamada de curiosidad, un nivel de la manifestación de Géminis, en el cual emerge una cierta excitación cautelosa que lleva a la búsqueda. En algunos casos puede percibirse un fondo de incredulidad escéptico y una actitud más crítica y en otros un lanzarse ciegamente a la investigación, con un convencimiento más ilusorio que fáctico: querer creer porque suena fantástico que sea así. Ambos polos de la experiencia, la curiosidad escéptica y la curiosidad ilusionada, implican ciertas preguntas y propician lecturas y búsqueda de material. En la actualidad, hay tanta oferta a través de las redes sociales, que aquel que se ve atraído hacia la astrología comienza a consumir información, pero difícilmente se dé el tiempo y espacio para procesarla y meditar acerca de la profundidad que está allí implícita.

En esta fase podemos ver el surgimiento de una semilla con un potencial transformador inconmensurable, la chispa, que enciende el magnetismo, quema en un lugar más profundo que la mera curiosidad y tiene sus raíces en zonas del inconsciente que nos son inaccesibles, pero la estructura de la personalidad, el sujeto o el nivel yoico en cada uno, no puede evitar excitarse ante la presencia latente de un modo radicalmente distinto de sentir la vida.  El cerebro entonces juega, se divierte y se entretiene mientras acopia información.

Esta fase puede profundizarse y habitualmente emergerá la fase de comprobación y estas probablemente correrán juntas durante un tiempo. El potencial que está allí presente es el de la capacidad del cerebro humano para captar patrones. Sin embargo, la mirada está ahora puesta en comprobar y verificar si la información que se va obteniendo se corrobora y para ello inicia un proceso de autorreferencialidad inevitable: ¿Lo que la astrología comunica se aplica a mí? El lenguaje está siendo puesto a prueba y a medida que se va corroborando la exactitud de los patrones que se observan en los símbolos astrológicos, manifestándose repetitivamente en la vida, el cerebro se va convenciendo del paradigma. Sin embargo, es posible que el proceso se detenga aquí y que el cerebro quede atrapado en un constante chequeo que oscila entre la fascinación y a duda-escéptica.

Si esta fase es atravesada, se disolverán los matices de incredulidad y escepticismo y emergerá una mayor convicción. Esto implica que una capa de narcisismo que se encumbraba en mantener una desconfianza en la cual e discurso podría manifestarse como: “no puede ser que esto funcione así”, cedió, se entregó y ahora ya siente que le consta una cierta experiencia. Sin embargo la estructura narcisista auto-centrada que comanda en el ser humano seguirá lógicamente activa y desde allí se tomará al lenguaje astrológico como una herramienta de uso personal. La necesidad de que la astrología me explique quién soy o qué me va a pasar o qué necesito aprender para evolucionar en una lógica ascendente de mejoramiento propio, es una fase prácticamente inevitable. Los seres humanos tememos a la vida y sabemos los dolores que puede acarrearnos. Los seres humanos también, nos movemos desde el deseo, imaginamos situaciones que queremos experimentar y objetos que queremos poseer y esto es una excitación específica del cuerpo-mente-psiquis, que busca alcanzar sus logros y satisfacer sus anhelos. En ese estado de excitación en el cual todos podemos reconocernos, nos es imposible llegar al corazón del lenguaje astrológico. Sobrevolamos superficialmente una capa en la cual negamos la sagrada inteligencia que necesariamente está operando para que así sean las cosas. Decimos: “Está Urano en oposición a mi Luna y eso hace que mi sistema emocional esté alterado y mutando y me estoy por mudar” y lo tomamos livianamente sin detenernos sensiblemente a dimensionar el hecho complejísimo y sagrado del que estamos hablando, no sentimos lo que estamos diciendo porque nuestro condicionamiento sensorial queda circunscripto al yo, tan infinitesimalmente pequeño en el contexto de la dimensión que a la cual nos estamos arrimando. En la gran mayoría de los casos pareciera que el proceso se detiene ahí, que la relación entre el cerebro humano y el lenguaje astrológico llega a este techo y así se crea una dimensión de enormes caudales de información en consultas, clases y medios de comunicación puestos al servicio del sujeto y su actividad auto-centrada, donde la persona es alguien que posee una carta natal, en lugar de ser un emergente del código vibratorio que la carta representa y los hechos de su vida pueden ser controlables a su favor, en lugar de revelaciones de su potencial desconocido. Esta percepción fragmentaria está basada en el modo de sentir humano, constituido por un centro coherentizador que llamamos yo, enlazado a la lógica sujeto-objeto. La astrología, tiene el potencial de cuestionar esta lógica cuando podemos registrar que aquello que nos ocurre no es independiente de quienes somos, no porque lo creamos, sino porque es la expresión del código energético que encarna en el cuerpo. La noción de sincronicidad está implicada en esta mirada que indica que en el plano vibratorio no hay una distinción entre cada entidad que se percibe en el plano concreto, sino un flujo interactivo de información que toma diferentes formas transitorias.

Este modo de sentir encierra una herida narcisista a atravesar y es, por ese motivo, que la siguiente fase no está lo suficientemente habitada en la comunidad astrológica. Aceptar celularmente que “lo que es adentro es afuera” genera enormes resistencias en el cuerpo-psique y los destellos de una captación más profunda rebotan hacia la fase anterior. Que el yo acepte que no tiene control sobre lo que sucede y que la psique integre la información que le trae la experiencia sin rechazarla o descargarla proyectivamente confirmando posiciones fijas, es un atravesamiento arduo y cotidiano, un entrenamiento en dejar en cada interacción vincular que el yo, el ego, el narcisismo, suelte el mando y lo entregue a la inteligencia del devenir del destino en red. Esto solo sucede cuando el cerebro llega a sentir muy concretamente su pequeñez tejida en la inmensidad y eventualmente se produce el cambio de fase que implica una modificación de la sensibilidad. Esta herida narcisista, lo que en el Zodíaco observamos como el pasaje de Leo a Virgo, modifica el deseo y pasa del querer entenderse a mí mismx para sanar los propios dolores o satisfacer los deseos personales, a sentir que cuando me comprendo a mi mismx comprendo lo humano, porque estoy hecho de la misma sustancia y los mismos patrones energéticos y que de nada sirve sanar y mejorar sino sana al unísono el ecosistema del cual formo parte.

Cada dimensión de cómo se experimenta el lenguaje de la astrología, tiene su razón de ser y está implicada en un orden, pero quienes se sientan llamados a investigarlo en su complejidad probablemente se comprometan con el proceso de develar la fase de la mente que está en acción en cada caso, dentro de cada uno.

 

Comentarios

  1. muchas gracias por tus escritos, realmente iluminadores.
    integradores, es un placer sentir estas reflexiones tan amplificadoras.
    es una profunda y agradable compañia, descubrirte.

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  2. Se puede sentir lo que escribes, la “herida narcisista” es herida cierta, una hipertrofia del centro, y duele, me duele, cuando no siento que también soy el “otro”. En su opuesto, sin embargo, habrá que sensibilizarse también a la herida gregarista, que también es cierta y duele igual, nos duele, cuando no estamos sensibles a la importancia de lo individual. En la síntesis, quizá, la vía certera. Saludos!

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