Ir al contenido principal

Porqué ya no hablamos de carta natal y preferimos hablar de código

 

La mirada que proponemos en Casa XI tiene como punto de partida la noción del Universo como vibración y más específicamente, como un entretejido de diferentes cualidades energéticas.

Nuestra pasión es investigar el misterio en el cual la relación entre la Tierra y el Sol y su danza cotidiana con la totalidad del sistema planetario, implica un fenómeno cargado de información vibratoria-quántica que cambia instante a instante y se condensa en las formas terrestres, hace cuerpo, encarna en los seres humanos. Lo que llamamos carta natal, es una representación simbólica en dos dimensiones de un momento específico de este movimiento cósmico, percibido desde la Tierra.

El nombre de “carta natal” hace referencia a la noción de mapa, con lo cual, en ese mapa se estaría representando un territorio. Sin embargo, si somos rigurosos, el diseño de la carta natal, más que dar cuenta de un territorio está visibilizando un código: elementos dinámicos ordenados de manera tal que implican una información específica. Tal como el código genético inscripto en la molécula de ADN contiene la información biológica para construir un organismo e informar acerca de su desarrollo, el código celeste tiene implicada la información vibratoria que se desplegará en un ser.

Al utilizar el término de carta natal (o astral) corremos el riesgo de engañarnos. Si bien es cierto que ese diseño representa simbólicamente la ubicación de los elementos del cielo, lo cual remite a un mapa, esa noción vela el registro del tipo de información que hay allí contenida. El mapa remite a la exploración de un territorio, que si bien sabemos que presenta variaciones a lo largo del tiempo, no es en sí mismo un movimiento, tal como es el sistema planetario-zodiacal. Si pensamos en términos de territorios, por lo tanto, nos sentiremos como entidades más o menos acabadas en lugar de percibirnos procesos en despliegue.

Por otro lado, la noción de mapa queda inconscientemente asociada con la idea de búsqueda de algo específico en el territorio, lo cual diluye la posible sensación de exploración, y nos condiciona a sentir la búsqueda de un punto de llegada o el descubrimiento de un tesoro. Así, la carta natal, se dibuja inconscientemente en nosotros como una herramienta útil para encontrar algo que deseamos. El mapa se nos aparece como algo externo que guía al sujeto dentro del territorio. Esto además, queda reforzado por nuestro lenguaje que nos hace hablar de “mi” carta natal o de que “tengo” el sol en Virgo. Así, se desdibuja una de las más profundas revelaciones de la astrología: quien está enunciando estas frases no está por fuera del código natal sino que es un emergente del mismo. El sujeto que haba de “su carta natal”, es parte de esa carta natal hablado.

Cuando un ser humano nace, aún no se ha organizado biológicamente la red neuronal que hace a la estructura de lo que llamamos psiquismo. Nacemos sin el registro auto-consciente que se va construyendo en los primeros tiempos de la vida. Al nacer somos, desde el punto de vista de la astrología, un quantum potencial de información energética congruente a la que vibraba en ese instante del Cielo y ese quantum está codificado, de la misma manera en la que en la partitura musical está codificada la información para ejecutar una melodía.

A lo largo del tiempo la información latente se irá manifestando hasta estructurar el psiquismo y que emerja lo que podemos llamar la persona, la identidad consciente, el sujeto, el individuo, el yo, según como prefiramos nombrarlo.




Hablar entonces de “mi” carta natal sería una falacia lógica, dado que supone la existencia de una entidad independiente del código que pueda pensar o enunciar esa frase. De hecho, cometemos la misma falacia lógica cada vez que decimos “mi” cuerpo, como si la enunciación de esa frase no la hiciera el cuerpo mismo.

Desde esta percepción somos códigos cósmico-energéticos y biológico-corporales entrelazados, donde emerge una autoconsciencia o sujeto. Y la relación entre el sujeto, el código y el cuerpo lejos está de ser una relación de apropiación (mi código, mi cuerpo) sino de correspondencia o unidad de diferentes dimensiones.

Consideramos entonces, que utilizar la noción de código en lugar de carta, es hoy en día más preciso en el sentido lógico y, por correspondencia, en el sentido sensorial. En última instancia, el valor de investigar astrología está en la posibilidad de sentir de una manera diferente. Dejar que nuestros hábitos y condicionamientos se modifiquen a medida que investigamos, en lugar de ponerle un techo a nuestras percepciones para que el conocimiento astrológico encaje en la estructura perceptiva con la que contamos, es la tarea creativa que tenemos por delante.

Comentarios