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Vínculo y forma.


Una cosa es el vínculo, el lazo atemporal y amorfo que está sucediendo en algún plano, en algún orden siempre, todo el tiempo, atemporalmente.
Una cosa es que dos seres (para hacerlo más simple, de entrada al menos) estén atravesados por eso: la vida, el orden, lo creativo…una inteligencia universal más compleja y, sobre todo, misteriosa para la mente humana.
Otra cosa es la forma que le damos en el plano físico, material, terrestre, a ese vínculo fuera de tiempo y espacio, porque alguna forma hay que darle, o mejor dicho, en este plano alguna forma toma...
Ese lazo atemporal, ese atravesamiento, atraviesa cuerpos. Cuerpos que son tiempo-espacio. Atraviesa formas que crean formas.
Formas que son reglas de juego, acuerdos, intentos de sintonía que necesitamos establecer, al menos transitoriamente, para ordenar en este plano un encuentro y que pueda desplegarse, complejizarse, enriquecerse.
Sin embargo, nuestro repertorio de formas a veces resulta tan estrecho…
Nuestros traductores del amor son tan básicos…
Sacro traduciendo cardíaco, si lo pensamos en términos de chakras…
Si a eso le sumamos mente, con su incesante elaboración de imaginarios, ilusiones, construcciones del futuro basadas en algún pasado aprendido y anhelado, buscando placer en la recreación de un placer ya acontecido…ya estamos en un lio.
El lío de las formas, creadas a partir del deseo y el miedo. La “elección” de una forma del estrecho repertorio automático en el intento de sintonizar deseos, impulsos, ilusiones diferentes. La caída por default en patrones que estancan la potencialidad del vínculo en lugar de complejizarla…Si nombramos un vínculo: “pareja”, “ex-pareja”, "amigos", “paciente-terapeuta”, “padre-hijo” podemos más o menos orientarnos en lo que hay que hacer…no se invierte mucha energía en explorarlo, se sigue el surco preexistente…Pero…
¿Cuál es el misterio del vínculo? ¿Para qué nos conocemos? ¿Por qué estamos atravesados?
¿Y cuál/es es/son entonces la/s forma/s que le corresponde/n a cada vínculo en el tiempo y espacio? ¿En cada momento de la historia de ese vínculo atemporal desplegado en el plano físico?
No o sé.
Tal vez, si los cuerpos-formas que encarnan un vínculo están lo suficientemente interesados en él, puedan embarcarse en la aventura de ir averiguando a través de qué formas se puede desplegar, enriquecer, complejizar ese vínculo a través del tiempo-espacio, en lugar de estancarse en la frustración y desilusión del yo cuando una de las formas de expresión de ese vínculo se ha agotado, estancado, trabado o se ha muerto. Porque lo que muere es la forma, no el vínculo, al menos no necesariamente.
La única manera que se me ocurre de explorar las posibilidades de forma de un vínculo es siendo absolutamente honestos con nosotros mismos y con el otro en todo momento. Honestos con lo que ni siquiera sabemos que es real, pero no importa…Ir mapeando el vínculo...haciendo que la información que soy circule, se manifieste. 
¿Por qué será tan difícil esto?
Porque tengo un objetivo entonces hago estrategia. Porque tengo mucho miedo a la respuesta del otro. Que no me quiera, que no le guste, lastimarlo, aburrirlo, molestarlo, que se enoje, etc., etc., etc.
Mientras estoy condicionada por la respuesta del otro no soy libre, el otro me tiene dominada y estamos jugando el juego del poder. Mientras estoy condicionada no me queda otra que jugar los juegos repetidos que se dan por sentados, que salen por default. Funcionar en modo automático, económico, por suposición acerca de quién es el otro y que quiere de mí, a asumir lugares, roles y posiciones preestablecidas, pre-asignadas y poco creativas.
Una forma creativa entonces es una forma que está en riesgo permanente, dispuesta a morir porque se sabe transitoria y entonces viva, no cristalizada, eternizada, muerta. Una forma que no deja nada librado a la suposición, porque mantiene circulando la información, chequeando como estamos…cómo vamos, qué nos pasa, qué no nos pasa, qué nos imaginamos, qué nos gustaría…aunque contradigamos al otro, aunque corroboremos que queremos y sentimos distinto.
Eso es explorar el vínculo, buscar la información oculta en ese lazo atemporal misterioso, en lugar de encerrarlo en una forma muerta en pos de cumplir con los anhelos del pasado. ¿Será que allí se encuentra el amor?

Entidad y/o información.


Ahora, todo esto implicaría poder entendernos a nosotros mismos y los unos a los otros más que como entidades u objetos como información, o para decirlo más tangiblemente, como canales de información. En última instancia, en tanto cuerpos-materia somos entidades, pero más allá de eso somos información, así como el hallazgo de la física cuántica en el que la energía es a la vez partícula y onda. 
Existiría entonces una lógica, la del yo, en la cual nos percibimos como entidades, cosas, objetos. Yo soy una entidad rodeada de entidades. Como tal, como entidad, “tengo” determinados deseos y sus concomitantes miedos. Hago planes. En ese plano-dimensión funciono como un robot, a base de softwares que se activan en la trama vincular de acuerdo a posiciones: “Si tal x, entonces yo b”.  Conflicto, tironeo, búsqueda de acuerdo…Escaso repertorio de opciones para la vincularidad, jugamos los juegos posibles. La información más compleja que somos no circula.
Ahora, si estamos pensando que somos parte de un sistema mayor, de una inteligencia de la cual hacemos parte, pierde sentido pensarnos como entidades. Somos información en circulación. Pretender cerrarse sobre sí, acumular información e identificarse con ella obstaculiza la circulación, genera trabas, empastes, lo que denominamos habitualmente conflictos y por lo tanto todo el sistema se ve afectado.
La metáfora más pertinente es la de la neurona. La función de una neurona es establecer contacto con las demás neuronas para que la información circule por el cerebro y preste funciones correctamente. Si las neuronas tuvieran un yo y pretendieran apropiarse de la información que ingresa en ellas, identificándose con la información de la cual son conductoras, canal de transporte, dejarían de ser neuronas. Y el cerebro colapsaría. 
Pero entonces vemos que estamos ante dos lógicas distintas. Por un lado la lógica del yo, de la separatividad, que supone entidades separadas, cada una tratando de cumplir sus objetivos personales y utilizando a otras entidades para ese fin, a su vez tratando de zafar de ser usada por otras y ahí nos encontramos con todo el tema del dominio, control, poder…Por otro lado la lógica de la red, donde lo que soy es información para el otro y el otro es información para mí y lo único que tengo que hacer es dejar que esa información circule, es decir, no mezquinar la información que soy, entregarla y exponerla y no resistirme a la entrada de la información que me llega a través del otro. 
Hasta ahí llego, más o menos, hasta dejarla entrar…después qué hacer con ella no sé…porque la tendencia del yo será reaccionar, posicionarme y armar  una vez más una coreografía conocida. 
Tal vez dejar entrar implique que me tome un rato poder percibir qué soy ahora, con esa “in-formación”… Tal vez la interacción que se genere no sea un ping-pong. Básicamente porque esta lógica no implica discutir quién tiene razón y que una de las partes gane…Tal vez por maceración, por hósmosis, por contacto, la información se recombina y transforma con su propia velocidad, a su propio ritmo...en este proceso alquímico la voluntad del yo nada tiene para hacer.
Por ahora podemos comenzar por cuestionar nuestra percepción de nosotros mismos como entidad separada, pensar que somos información, y tal vez, en algún momento, nuestros mecánicos rígidos cuerpos, dentro de algunas generaciones, lo perciban así. Somos información en circulación reticular.
Tal vez los humanos que podemos pensar esto hoy estemos un un punto de máxima tensión del doble vínculo, en el cual observamos la limitación de la lógica con la que funcionamos pero seguimos percibiéndonos y sintiéndonos como objetos. La incómoda  situación de tener un pie en cada lugar.


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