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Triangularidad y nombre del padre (o como hacer posible el contacto con otros planos de realidad sin enloquecer).


Estamos en estructuras triangulares de entrada.
La simbiosis sería solo una situación de incremento del flujo energético (libidinal) entre dos puntos del triángulo, pero la eliminación total del tercer ente, del tercer punto, es imposible, se caería la estructura.
De esto hablaba Lacan, creo entender, y debemos cuidarnos de malentender al Complejo de Edipo como sólo algo efectivo en la historia de un sujeto a partir de que se convierte en un niño que puede circular y vincularse efectivamente con sus padres, formando un visible triangulo. El hecho de que esto suceda en lo concreto no quiere decir que esta estructura matemática-geométrica, de orden de cosas preexistente, este patrón, no constituya la base simbólica-energética a toda estructura vincular humana.
De hecho, el lenguaje, la estructura simbólica que organiza, ordena, incluso CREA percepción, emociones y entidades; la estructura sutil en la cual violenta y necesariamente, como manada, hacemos entrar a un bebé cuando nace, ya que lo preexiste y lo crea en tanto sujeto,  ya implica un tercer punto en sus relaciones con el medio todo. El vínculo nunca es directo, nunca es real. Es siempre una virtualidad creada por el/los cerebros humanos en acción condicionados/organizados  desde esta estructura.
Nacemos en un estado de indefinición, de entrelazamiento y mezcla con todo lo que existe, vivimos en un espacio de inclusiones recíprocas desde la percepción misma y ese código-lenguaje (lo llamo código en términos cibernéticos haciendo alusión a una suerte de programación computacional que se da en el cerebro a partir de la interacción humana) al cual violentamente  ingresamos al nacer, permite que comencemos a percibirnos como entes recortados del entorno y que empecemos a recortar otras entidades  rompiendo así esa simbiosis, ilusoria en un nivel, el del código, real desde otro nivel, el de la energía (en términos de la física moderna que da cuenta de que la materia es, en última instancia, vibración energética en baja velocidad). El plano sutil-energético sería un continuo vibracional con diferencias de intensidad, que, para ilustrar de alguna manera, iría descendiendo  en su velocidad de vibración hasta materializarse. La percepción del cerebro de entidades materiales depende del ingreso al código. Al nombrar, ponerle un nombre a todo, empezando por uno mismo, se recorta el continuo existencial de vibraciones yuxtapuestas en un orden secuencial de entidades discriminadas.
El código-lenguaje-plano simbólico es el tercero que discrimina en este plano de la existencia que denominamos plano sutil-energético.
Ciertamente en el plano ya incluido en el código, plano de las personas, seres humanos como entidades concretas, plano imaginario según  Lacan, plano de la autoconsciencia, el plano del yo y de los vínculos especulares, desde ahí nos parece, ilusoriamente, que un niño y su madre están en una simbiosis que el padre debe venir a cortar de alguna manera efectiva. Erróneo de cabo a rabo. Esto sigue siendo algo sutil, en este sentido, inconciente, del plano simbólico. Esa madre debería estar convencida de entrada, por estructura, de que no generó a ese niño en sus entrañas desde su propia solitaria creatividad, sino que lo co-creó con otro. Su función de protección y nutrición, de anidamiento no la hace la única creadora. No existen ni la creadora ni el creador, existen los dos creadores complementarios.
El problema central con el que nos encontramos es que este orden de cosas no está instalado en el código, no es simbolizado contundentemente en ninguna estructura del lenguaje o arquetipo del inconciente colectivo. No existe un discurso ni una imagen ni un arquetipo que proponga el triángulo como estructura sin conflicto. Es muy fuerte la creencia, que se filtra en un sinnúmero de fallidos y actuaciones de la vida cotidiana humana, de que nacemos de una madre, mientras el padre es una entidad distante, lejana, misteriosa de la cual se desconoce la función específica.
Día a día observo  mujeres que creen  ser dueñas de sus hijos  porque son sus creaciones y que el padre es un simple accesorio al cual agradecer los servicios prestados, en el mejor de los casos, o bien comportarse como la viuda negra, mujeres que al convertirse en madres ya se sienten lo suficientemente completas y poderosas, como para que se haga efectivo y concreto el desecho del padre. Así, seguiremos reproduciendo esta estructura a través de los milenios. Polarizando el lado femenino y masculino del mundo, sin encuentro, sin triangulación.
Esto es otra manera de hablar de la castración, o la envidia del pene, pero… a ver si lo explicamos más fácil y lo podemos ver sin tanta palabra concreta que, como sabemos remite a otra cosa y según mi parecer rebaja el entendimiento al plano concreto cuando es simbólicoooooo!!!
El tema es que en el lenguaje, en el código, en los arquetipos del inconciente colectivo occidentales no tenemos como organizar la idea de un triángulo, de un padre, una madre y un bebé creado por ambos. No hay. Hay madre, hay padre y la única familia simbólica en la que puedo pensar es la Sagrada Familia: madre sin sexo embarazada por un meta padre (su propio padre en definitiva) y el pobre señor que la acompaña…pero sin mucha influencia sobre ese niño ni sobre la humanidad. El padre, en el plano simbólico, es el padre de la madre que entrega un hijo al linaje. No son un hombre y una mujer en encuentro sexual creando vida.
Las teorías acerca del origen en el niño, el desarrollo de la fantasía primaria (escena fantaseada acerca de la propia concepción) vienen cargadas de misterio, de ambivalencia, de perturbación por exceso de excitación. El niño inscribe psíquicamente en primera instancia que viene de “la panza de la mamá” y la función del padre queda desdibujada. La transmisión del relato acerca del propio origen que se hace a un niño, viene cargada de vergüenza, temor, pudor, porque remite a la sexualidad. Se borra entonces el encuentro sexual borrándose así al padre, que será incluido e inscripto como co-creador tiempo después. ¿Cómo se transmite a un niño que es creación del amor? ¿Del deseo en última instancia? Del encuentro, del vínculo sin que esto sea perturbador para su constitución psíquica. Es un trabajo de los adultos, es una responsabilidad que implica una limpieza acerca de nuestros prejuicios con la propia sexualidad.
En el plano imaginario (porque claro, lo real es un ir y venir energético en continuo al que podemos darle forma desde las estructuras simbólicas para percibirlas imaginariamente como las percibimos, concretas y “reales”) se traducen en madres que capturan a sus hijos, no les dan espacio más allá de ellas, convencidas de que son las únicas que saben, las únicas con derecho, a intervenir sobre ese niño. Más menos intenso, más menos convencimiento y certeza, más menos patológica la cadena familiar, tendremos una psicosis, un sujeto que no logra simbolizar (en su psiquismo, mente, circuitos neuroquímicos cerebrales, cadenas-redes significantes, pensamiento, inconciente) que el padre tiene algo que ver en la creación de la vida. Estaremos ante alguien que no entra en el código común a todos que posibilita la discriminación de entidades recortadas de ese magma común de energía amorfa sutil (real). Eso es la forclusión del nombre del padre y la imposición del deseo loco de la madre de Lacan, que en términos arquetípicos jungianos tendrá que ver con el complejo materno, y las oscuras formas que toma la madre,  y el complejo paterno, y las distantes o fallidas intervenciones del padre.
Freud, que observaba en la clínica y descubría observables, no desarrolló la estructura universal que abarcaba a todo lo que observaba, eso es una genialidad de Lacan (por eso digo que lo suyo es una filosofía universal y abarcativa, porque propone un simbólico universal en el que estamos todos inmersos), a partir de allí la angustia de castración se despega de la concreta angustia que un niño concreto, a nuestros ojos, puede sentir por el miedo a que le corten sus genitales y más allá de la envidia concreta que puede sentir una niña porque los niños tienen algo que cuelga y se mueve y ella no. El complejo de castración pasa a ser, a partir del reconocimiento de la diferencia de los sexos, que no somos completos, hombres o mujeres, que la humanidad no se sostiene en su existencia si no estamos unidos y en intercambio, en vínculo, y en ese sentido en diferencia. Conservar la bisexualidad inconciente quiere decir seguir creyendo que podemos hacer el mundo solos, que no estamos organizados en estructuras vinculares principalmente triangulares. Implica que sigamos sintiendo temor e idealización por los padres lejanos y temor y atracción por las madres devoradoras, que sigamos reproduciendo ese discurso, ese patrón, ese modelo inconciente donde no existe la circulación de a tres, aliviadora, calmante, más cierta y en concordancia con lo que biológica y concretamente sucede. Somos resultado de un vínculo, siempre hubo dos antes que uno, siempre fuimos tres, siempre somos tres.
Claro que acá nos enfrentamos con las concretas dificultades de esas inscripciones en el inconciente personal, es decir, llegar a construir una imagen de cuerpo de un solo sexo, aceptar lo que llamamos castración (que no es tal sino una realidad de existencia de dos principios complementarios) y aceptar entonces la necesidad de ir al encuentro con otro, desconocido, distinto, con el miedo y la angustia que esto genera. Y esto no se hace un día a los tres años, hay inscripciones y re inscripciones, momentos claves de la adolescencia, del inicio de la efectiva actividad sexual. Existen las dificultades concretas que conlleva modular la excitación sexual en nuestra cultura, excitación que nos desconcierta desde la más tierna infancia. Pero este tema podemos dejarlo en suspenso para un próximo escrito.
La cuestión es que esa información, la de la triangularidad inherente al principio de la vida, es improcesable, insimbolizable y reproducida ad infinitumm al tratar de formar una pareja. Los conflictos de dominio y poder aparecen “necesariamente” porque nos creemos individuos uno, no entendemos de lógica vincular. En el triángulo edípico creemos que somos uno con mamá o uno con papá o ellos dos juntos y yo quedo resignadamente afuera, no sabemos circular. Tememos por nuestra integridad como uno, en tanto somos uno cuando hay otros, pero solos o con más de un otro, sentimos que nos deshacemos corporalmente. Nos creemos uno solo, una entidad cerrada que trata de relacionarse con otra entidad cerrada y nos da tanto miedo la apertura que dominamos, queremos ser completos y entonces queremos dominar, que no nos muestren la falta (Lacan) sería que no nos muestren que somos vínculo, que solos no existimos. Castración, falta…¿es necesario seguir usando esas palabras que mal explican todo? Puedo entender que sea así porque en una zona del inconciente personal, todo se vivencia a partir del propio cuerpo y sus experiencias… o tal vez porque el psicoanálisis conceptualizó a partir del estudio de psicopatologías para curarlas y es desde la psicopatología que lo vivimos así, desde la psicopatología global humana. Pero si nuestro objetivo actual fuera una investigación más profunda y nueva, sería bueno poder empezar a mirar desde otra óptica y a elegir terminología más adecuada.
Entonces, hasta que hombres y mujeres del mundo occidental no comprendamos el misterio de las estructuras triangulares no podremos salir de la neurosis global (ver envoltorios neuróticos), digo neurosis con suerte, porque de hecho, creo que más que neurosis todos tenemos excelentes sistemas de barreras autistas creadas para no entrar en contacto con los otros, otros seres y otros registros o dimensiones de la realidad.  De hecho, cuando nos acercamos a ellos entramos en fases fóbicas, cuando no paranoides. Una pena…aquí es donde aparece el miedo, miedo irreductible del deseo, o del desear para hablar con más propiedad, porque ese desear es justamente lo que rompe la simbiosis que nos da ilusoriamente base existencial. Desear que solo puede existir gracias a la estructura de lenguaje y pensamiento, de representación mental, de código, digo, el desear tiene que ver con un más allá (más allá del la madre o campo materno, representado por el padre), con la proyección de algo que existe en otro lado o en otro tiempo por fuera del concreto en el que se está, lo cual solo puede existir en el pensamiento, en el lenguaje, en el código, en la representación mental.
Aclaro que con triangularidad no me refiero a lo concreto de armar vínculos de tres amantes, aunque esto tampoco queda descartado ( porque vamos, el discurso nos permite mentir y ocultar pero eso existe).  El punto es la triangularidad de yo y el otro y su familia de origen, yo, el otro y su trabajo, yo, el otro y sus amigos, sus intereses y pasiones...y viceversa, yo, mi madre y mi padre, yo mi madre y mi hermano… y ahí ya no puedo ni pensarlo porque es donde se arma la red infinita del mundo de las formas, red de triángulos. Red de circulación infinita. Hipervinculación que tal vez sea lo que solemos llamar amor.
La diferencia que aparece, que se introduce al triangular es lo insoportable, lo distinto, lo peligroso…el tercer punto que negamos para mantener la ilusión de simbiosis, o la ilusión de unidad-entidad completa. Simbiosis que sostiene un nivel del narcisismo. ¿Por insoportable no logramos simbolizarlo a pesar de su innegable existencia?
No sabemos soportar la diferencia del otro. Nos enamoramos endogámicamente, narcisísticamente, de los iguales y nos quedamos en la misma manada unigeneradora de todo, o nos enamoramos de un extranjero para apropiarnos de su producto, llevarlo a la manada de origen…todos los problemas entre nueras y suegras. Vamos camino a la hibridación desde siempre y eso es lo que nos cuesta, nos aterra.
Mientras tanto, tenemos que darnos cuenta de que estas cosas van sucediendo a nivel concreto en nuestros cerebros y que parece que los nuevos patrones, arquetipos, discursos, el nuevo simbólico, tiene que ser bajado al plano concreto través de inscripciones sinápticas en los cerebros de todos, escribirse en lo originario (Aulagnier), en el cuerpo, posibilitar un cambio en la química cerebral de todos, nuevos patrones en todos los órdenes, en todos los planos, en todos los registros de la realidad,  en la dimensión simbólica, de los patrones inconscientes compartidos por todos organizados a través del lenguaje, el código y los arquetipos del inconciente colectivo. El plano imaginario, de lo concreto cotidiano, de las personas y los objetos. El plano real, de lo sutil-energético, que no podemos captar en tanto tal porque no tenemos los programas perceptivos para hacerlo pero que sabemos que está y tiene efectos, el plano astral y el plano etérico de la antroposofía.
Si pudiera dibujarlo haría un magma mezclado de luces, gases, energía en movimiento con color y sin color, remolinos transparentes que toman formas variadas, de más sutiles a más físicas en los cuerpos, cuerpos que a su vez emanan sutilezas a ese campo, como un círculo de retroalimentación, como un circuito de una misma energía vital que a mayor velocidad no tiene forma ni propiedades discernibles por los programas perceptivos humanos, pero que a su vez nos constituye como tales.  Cuanto más lento el movimiento de la energía, cuanto más resistencia encuentra en otra corriente antagónica, más estable es la forma que toma y de ahí, nuevamente se sutiliza y toma velocidad. Circulación entre polos. La energía adquiere una determinada forma de acuerdo a ciertos patrones, patrones a través de los cuales circula y se manifiesta establemente. El tema es… ¿Porqué toman las formas que toman y no otras? Pareciera que a medida que se complejiza o se hace más intensa la energía en circulación en el plano sutil, las formas en que la organizamos en el plano concreto no alcanzan. Como cuando una molécula de agua alcanza el punto de hervor, las condiciones del medio hacen que el estado de la energía se modifique lo que lleva al estallido de la molécula de agua y su consecuente cambio de estado. En eso estamos como especie entonces, en eso estamos como parte del sistema solar, cambian las condiciones del medio, la vibración energética del magma indiferenciado y entonces necesitamos generar nuevos patrones de circulación o mejor dicho, necesitamos captarlos y transformarlos en imagen, discurso palabra, para generar nuevos canales de circulación en lugar de mantener las mismas formas rígidas que llevarían al irremediable estallido… ¿O será que tienen que estallar y ya?
En este punto creo que empezar a generar el arquetipo o el discurso o la imagen inconciente, la posibilidad de representar el vínculo generador y existente en el uno, si podemos instalar eso posibilitamos otra circulación.
Estructura de lenguajes, no de lenguaje, no solo el lenguaje discursivo humano, sino los lenguajes sagrados, el tarot, la astrología, lo que en términos de sistema podemos llamar interface, que se ubica entre dos planos de ordenes distintos de cosas y los vinculan. La matemática.
¿El doble vínculo se genera porque falta una variable que genere circulación? ¿Un tercer punto que permita salir de ese plano del problema, en términos de aprendizaje? Incluir otro término en la ecuación, o mejor dicho ver el término que está en otro plano y escapa a nuestra percepción y que hace que la operación sea otra.
Y ahí nos encontramos con el arquetipo máximo de los humanos en tanto mamíferos, salir del útero protector para encontrarnos con lo nuevo, con la angustia y el terror que esto implica. Esta situación en fractal nos deja ver como nuevamente armamos un útero y de ahí no queremos movernos a menos que algo nos saque de allí porque ya no nos alcanza y de ahí la metáfora de la molécula de agua en hervor. Salimos de un nido hasta que nos damos cuenta de que estamos en otro nido mayor y así sucesivamente.
Claro, el tema es que también es mucho más fácil para nuestras limitadas mentes manejarnos en un solo plano de la realidad, bah, poner la intención y la atención consciente del yo en un solo plano, porque en realidad nos manejamos sin darnos cuenta en todos los planos simultáneamente.
Al registro imaginario lo podemos llamar el plano del yo, el de los seres humanos y su autoconciencia replegada sobre sí (narcisismo) desde donde nos vinculamos con otros seres humanos autoconscientes. En ese registro nos movemos conscientemente y desde ese registro accedemos al inconciente personal a través de sus efectos (síntomas, fallidos, elecciones de objeto, etc.). Sin embargo los otros planos actúan, sin que podamos ser conscientes de ellos o percibirlos, por lo menos no todos los seres humanos, por lo menos no la mayoría de nosotros.
Cuando alguien se psicotiza, se brota psicóticamente, podemos decir que pesca algo de otro orden de la realidad, entra en contacto con otro plano pero, en su intento de hacerlo inteligible se da una interpretación delirante, paranoide, o se asusta por las sensaciones con las que se encuentra, o queda atrapado en una vida en ese otro plano donde tiempo y espacio (que implica cuerpo) tienen otra organización, desconectado de la realidad concreta cotidiana compartida por todos. Eso es porque algo de la función coherentizadora del yo no logra cumplir su función, función imaginaria de ligadura al plano imaginario. ¿Podría ser porque ese yo no era de entrada lo suficientemente fuerte o estable por tener una tendencia a despreciar la ley? ¿O que su potencia discriminadora no era suficiente? es decir que la función paterna o el nombre del padre estaba pobremente inscripto, que ese cerebro no logró organizar un patrón sináptico discriminante o diferenciante lo suficientemente estable, al cual poder recurrir en toda ocasión en un ir y venir entre planos de realidad? que ese cerebro no está ligado al resto del cuerpo, el cuerpo está pobremente inscripto sinápticamente en el cerebro? el yo, en última o primera instancia, es un yo corporal.

Entonces… ¿Cómo se logra constituir en un sujeto una función coherentizadora-discriminante lo suficientemente estable y firme, en este caso firme significa también flexible, como para poder prescindir de ella por momentos y así poder entrar en otros registros de la realidad y volver?
En principio, me atrevo a decir que generando seguridad en la triangularidad. Y de ahí, permitiendo que el amor y el placer sea lo que enmarca la existencia en los primeros tiempos de un sujeto y en cada uno de los momentos de su reestructuración narcisista, es decir asumiendo con menos miedo la locura de la sexualidad, aceptando la intrusión de la diferencia (me doy cuenta mientras escribo de que estoy hablando “sin querer” de una operación a realizar por el lado femenino del mundo especialmente). Este patrón se tiene que formar en esa conciencia de vínculo y la verdadera conciencia de vínculo se da cuando se puede circular en triángulo y eso es solo posible en la presencia del amor. Una circulación amorosa implica una vivencia  placentera ante el ingreso de lo extraño, hacer entrar la diferencia sin resistencia y sin temor.
Como si un niño pudiera decir, no tengo miedo de ir hacia el mundo de papá (externo, desconocido, extraño-Urano) porque papá y mamá (Luna) están en unión, entonces puedo ir y volver. Para poder ir y volver de diferentes planos de realidad sin perderme-enloquecerme, tengo que poder triangular. Vivir lo distinto como no peligroso ni amenazante ni quebrante de la supuesta simbiosis, eso es la inscripción del nombre del padre (Lacan). Entonces puedo ir y venir de distintos planos de realidad sin volverme loca. Plano simbólico, de la abstracción y plano real de la energía sutil y sus entidades, sin entrar en interpretaciones delirantes.
 Y esto, en términos de chakras, probablemente se logre abriendo el cardíaco, generando una vincularidad desde el corazón.


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