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Más acerca de las corazas y desde allí al más allá.


Aislamiento y soledad…
Ciertamente puedo tocar el hecho de que esas sensaciones son generadas por  una construcción mental que compara lo que es con el anhelo de cómo debería ser: fusión y simbiosis o resonancia infinita, idealización imposible…pero…más allá de eso, que no sabemos relacionarnos muy bien, es un hecho. Todos los problemas humanos son problemas vinculares, nuestros vínculos son poco satisfactorios y en el peor de los casos destructivos, no sólo las relaciones entre seres humanos, sino también las relaciones que establecemos con los animales y las plantas y cada otra creación de la Tierra. Esto está demostrado en el eterno sufrimiento humano, en las torpezas que, como especie, venimos haciendo desde siempre.  Y eso duele…entonces…vamos a ver si hay otra cosa...
Casi siempre empiezo a pensar algo porque me llega una imagen a la mente (me llega, esa es la sensación, debe ser que el cerebro la crea en un nivel de captación más profundo y después la pone en pantalla para que yo-martina la vea y desarrolle con palabras)…la imagen entonces es la de dos seres humanos en relación, ubicados frente a frente y a la vez envueltos en letras, palabras, imágenes semi-transparentes, como fantasmas que salen de la cabeza, como una fuente, desde los chakras coronario y frontal, desde las sienes. Esas entidades brotan y forman una burbuja alrededor de cada uno. Son palabras, conceptos, significantes, ideas, películas del futuro, anticipatorias y deseadas, temidas, son príncipes, princesas, guerreros, niños, padres, madres, arquetipos…
Y entonces, al relacionarse estos seres, son esas entidades las que se relacionan, no existe el vínculo directo (¿la experiencia directa?), el vínculo se da sólo atravesado por las entidades… ¿Pero qué son?
A ver, arranquemos desde cero. Cuando conocemos a alguien hacemos un contacto corporal que vamos decodificando con el cerebro a través de categorías mentales.  Nos conocemos con la mente, a través de nuestra mente, es decir, a partir de categorías preestablecidas que ordenan nuestros pensamientos y sensaciones, para ubicar al otro, para decidir si nos gusta o no. Hacemos un mapa del otro. Desde allí creamos mentalmente una idea de esa persona, acumulamos conceptos, juicios, valoraciones, deseos con respecto a ese ser, a nuestro vínculo con ese ser…nos vamos relacionando, compartiendo vivencias y así agregamos recuerdos a esa batería de imágenes mentales previa (que a su vez se generaron por recuerdos de experiencias nuestras pasadas, criterios). El mapa está hecho. Terminado. Quieto, Previsible. El otro es un objeto.
A su vez, lógicamente el otro hizo lo mismo  conmigo. Y ojo, en un punto es tan placentero, tan calmante ser un objeto. Me acabo de dar cuenta que el punto central no es que convertimos al otro en objeto sino que cada uno nos ofrecemos al otro como tal. Si el otro me define, me confirma, me ubica en un lugar, sé quien soy…que lindo saber quién soy, que aliviante, que tranquilizador… Si no soy un objeto para el otro, un objeto preciado, valorado, importante, no sé quién soy, soy un misterio para mí mismo. Necesito ser apropiada por otro para definirme.
Pero entonces, cada vez que nos encontramos de nuevo: ¿nos encontramos entre  personas o con lo que cada uno construyó en su mente? Cada uno desde su burbuja de entidades, desde su mapa…se hace imposible ver al otro…se lo ve tras una bruma de entidades, se ve el mapa, no el territorio. El otro es territorio desconocido, me da miedo, pero peor!! Yo soy territorio desconocido, yo me doy miedo si no se quién soy, si no puedo preveer y sentir que controlo voluntariamente mis acciones
Me da una horrible sensación de estar atrapada en mi cerebro, en mi mente, de que todo es una construcción, una idea…Y atrapada en la mente es atrapada en el pasado o en el futuro.
La realidad virtual!! La Matrix!
Nunca estamos en el presente. Nuestros cuerpos están en el presente, no pueden estar en otro lado, pero, repito, nosotros estamos relacionándonos con ese ser en nuestra cabeza, en el pasado o en el futuro. Nos vivenciamos el uno al otro, y cada uno a sí mismo, como objetos construidos en otro tiempo.
Establecemos un vínculo porque ese ser, como objeto, nos gusta, nos genera algún placer, la pasamos bien y como queremos seguir pasándola bien nos apropiamos y proyectamos películas en nuestra mente de “como sería seguir pasándola bien el año que viene” sin reparar en por dónde anda el otro con sus propias películas. Si en cambio, el otro en cuestión no me genera ningún placer, no me confirma, no me gusta, directamente es descartado de mi vida o me peleo a cada rato para que se transforme en algo que me guste un poco más. Entonces somos objetos tratando de ser sujetos, creyendo que somos sujetos, entonces es una lucha de dominio-sumisión-simbiosis permanente.
Todo esto siempre dentro de la burbuja, siempre en mi mente, en mis diálogos internos generados a partir de una subdivisión de mi ser… ¿porqué no podemos evitar estar hablándonos todo el día a nosotros mismos? ¿Con quién hablamos? ¿Para qué? ¿Para no sentirnos solos? ¿Para sentir nuestra existencia? ¿Porque eso es el yo, el diálogo sin fin?
Entonces, desde el envoltorio autístico hecho de ideas mentales, imágenes, recuerdos y películas del futuro cargadas de energía creemos que nos relacionamos. Desde el Yo. Por eso el vínculo entre yoes es imaginario, porque es un vínculo entre las imágenes que crea tu mente y las imágenes que crea la mía. Dos construcciones mentales que se comunican. Lo siento tan vacío, tan superficial…Entonces ¿Qué es el encuentro con el otro?
Si creás imágenes acerca de un posible futuro y las cargás de energía generando un anhelo, un deseo consciente estás causando problemas, inevitablemente: ilusión, frustración, control, etc. pero sin eso creemos que no hay crecimiento, evolución o avance posible, que sólo se crece proyectando a futuro y construyendo de acuerdo a ese proyecto. Si no es así ¿en qué se sostiene el crecimiento? Tiene que haber otra cosa…tal vez estando 100% presente, intensamente, ocupados y apasionados en el momento presente, lo cual te permite ir de un paso a la vez, registrando, mapeando…eso es mapear…no saber qué hay del otro lado de la curva, limpiar las entidades de una, para encontrar otras y así sucesivamente…
Pasa al revés en general. Uno pone tanta energía en la imagen mental del futuro construida en base a criterios del pasado, o bien, uno deja pegada tanta energía en los recuerdos del pasado estableciendo allí una identidad, buscando la repetición de lo placentero y evitando la repetición de lo doloroso, que crea un mapa, vive a través de él y pierde contacto con el presente, el territorio. Territorio que es el otro. Territorio que soy yo. El vínculo.
Pero me parece que el contacto con el presente da una energía tal, una potencia tal, una intensidad a la cosa que realmente ni importa el futuro, ni el pasado. Y el otro deja de ser un objeto, es tan incierto, es un territorio desconocido y yo dejo de ser un objeto y dejo de saber quién soy y el vértigo es intolerable. ¿Es intolerable?
Estamos en vivo y el vivo mata dice una amiga mía. ¿Mata? ¿Qué es lo que pasa en el vivo? ¿Es que sólo dura un instante y entonces siento que no hay sostén, que no hay soporte? ¿Qué pasa si trato de vincularme con otro sin proyectar películas ni regodearme en los recuerdos? ¿Es demasiado efímero y se me escapa? ¿Es demasiado intenso y no lo soporto? ¿Es demasiado veloz y no me lo puedo apropiar? ¿Me da vértigo porque es un flujo sin frenos? ¿Me mareo y necesito que pare y que tome alguna forma, aunque sea transitoria, para no caer?
Es que dejo de ser yo y me deshago. Tomo contacto con que soy un vórtice de energía en movimiento. La velocidad es indescriptible. ¡Necesito parar! Me agarro de las palabras, de las imágenes, de las sensaciones de afecto… baja la velocidad. El flujo se detiene. Cuerpos.
Alguna vez sentí que no sabía quién era vinculándome y cuando me di cuenta era yo dándome cuenta y ya fue la experiencia…
No se la puede sostener, sostenerla sería una paradoja.  
En vivo, en el aire. Vértigo.
Sin embargo, ese vértigo no es miedo. Hay una diferencia entre estar asustado en un momento dado que “tener miedos” fijos: a la locura, a la muerte, a la soledad, al rechazo, a la exposición…”yo soy Tal, la que tiene estos miedos, yo soy Tal, la que tiene estos deseos…” los miedos también definen. Son construcciones mentales a las que estamos apegados. No es lo mismo asustarse en el momento presente, registrar como se tensa el cuerpo, como se encoje y se frunce. No es lo mismo el miedo en el cuerpo que el miedo en la mente. Los miedos de la mente son anticipaciones…y estamos siempre anticipando, mirando el mapa. Así se construyó el Yo, un organismo humano en necesaria simbiosis con otros humanos, sostenido por otros humanos, que gradualmente se va replegando sobre sí mismo generando una sensación de adentro-afuera porque va pudiendo construir imágenes mentales, introyectando el vínculo, es decir construyéndolo como una imagen-sensación-idea mental a la vez que fija en memoria sensaciones del cuerpo en vínculo con el mundo exterior y así y así...
¿Existe la posibilidad de no ser una cosa y vincularse de otra manera? ¿De vincularse en vivo, en presente? Por ahora solo se me ocurre como posible hacer el trabajo fino de desenmascarar las proyecciones, las películas, los patrones que ordenan, los deseos egoístas-narcisistas sobre el otro como fuente para mi propio placer, desenmascarar las bellas sensaciones que traen los lindos recuerdos, reconocer el placer que viene al colgarse en el recuerdo o en la película anticipatoria…cuestionarlo todo bah…y ver que queda…
¿Y si no queda nada? ¿Puede ser la vida una superficialidad tan sin sentido? Me pongo posmoderna, existencialista, adolescente…pero posta: ¿qué queda? ¿En que se sostiene la vida de cada uno si no es en las creaciones de la mente, en los anhelos y proyectos, en los objetos que me dan placer y por lo tanto generan deseo, ambición, apego, control? ¿En los objetos amenazantes y que por ende me traen conflicto: celos, envidia, competencia?
¿Lo que queda será el Amor?
Mientras dejo entre paréntesis esta pregunta, lo único que hoy sé es que algunos velos se están cayendo y es una sensación agridulce. Ir viajando por el psiquismo mientras me cuelgan girones de ilusiones que se van perdiendo en el camino. Sensación de madurez, no hay resignación, hay placer por contactar con lo que es…con la virtualidad. Es una sensación muy liberadora, que realmente llena de energía, que realmente permite un contacto más creativo con el presente, la sensación de no gastar energía en alimentar la burbuja es una sensación nueva y poderosa, la sensación de ser menos neurótica, de tener menos miedo porque todo pierde relevancia, dramatismo.

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