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Algunas reflexiones del vínculo masculino-femenino.

Principios opuestos auto-engendrados por y para la Creatividad de una “Totalidad”:


    Podemos pensar al Universo o la Vida como un Todo o Totalidad organizada a partir de dos principios básicos complementarios: Lo masculino y lo femenino. Dos subdivisiones autogeneradas en y por la Totalidad, necesarias justamente para que esa Totalidad sea tal, es decir, dinámica y creativa.
    La división o diferenciación en principios opuestos complementarios posibilita que una Totalidad no sea una masa amorfa estática sino que sea una trama creativa en constante expansión y movimiento, a través del entretejido que se da entre los dos principios diferenciados. Sólo así puede crecer, moviéndose desde las dos separatividades impulsadas a reunirse.
    En cada punto de unión, en cada encuentro existe el potencial de lo novedoso.
    Podemos imaginar una hipotética masa de energía amorfa que se auto-divide en tubos, cordones o hebras constituidas cada una por un principio complementario puro. En sus diferencias, las hebras pugnan por unirse, se encuentran y se entrelazan produciendo una recombinación de los principios. La Totalidad entonces sería el entramado vincular permanente entre dos principios opuestos complementarios que buscan unirse a partir de sus diferencias (o faltas).
    La amorfa masa energética uniforme no existe en tanto tal, la suponemos en nuestra necesidad de pensar linealmente, en nuestra dificultad para pensar  al vínculo como fundamento. Dificultad que estriba en el miedo que sentimos ante lo dinámico, lo creativo, que está en permanente cambio y movimiento. Pero, una vez más, me lo digo de mil maneras diferentes: Totalidad=Vínculo, no existe una sola entidad “completa”. Una sola entidad completa estaría muerta, no sería creativa, entonces no sería Totalidad-Vida. La única “entidad completa” entonces sería el vínculo, aunque con esta idea estemos entrando en terreno paradojal. El terreno en el cual el uno es tres. Es un ente que son tres. Todo uno es tres.
    Nos desespera tratar de imaginar cuándo empieza la secuencia: “¿En el dos que se hace tres y forman uno? ¿En el  uno y uno que hacen otro y son tres?”. Nuestra mente anhela poder hacer un corte en el flujo creativo y decir: “Así arrancó”. No podemos evitar pensar linealmente, de acuerdo a la lógica temporal. Por lo menos, a esta altura de la evolución humana esa es la modalidad de pensamiento que hemos desarrollado.
Pero para acceder a esta idea tenemos que romper con la lógica de pensamiento temporal-lineal y pensar en sincronicidades, simultaneidades. Tenemos que pensar mandálicamente, en redondo, tratando de sentir el fluir dinámico imposible de frenar. Tratando de sentir que lo dividido es indivisible (paradoja!) porque está vinculado.
    Retomando, el vínculo es una recombinación de los principios diferenciados y es en sí algo que no es ninguno de los dos principios Por eso digo que es algo “nuevo” aunque ya decir nuevo nos lleva otra vez a la lógica temporal-lineal, tal vez sería más correcto decir diferente. Tal vez debemos pensar mandálica y sincrónicamente y linealmente a la vez…
    En fin,  en la recombinación y entremezclamiento de los principios básicos (masculino-femenino) emerge algo diferente pero que conserva la base de los dos principios. Hay reproducción pero hay creatividad, ambas cosas. Hay reproducción porque algo no cambia, permanece constante y se repite. Hay creatividad porque hay  un código organizador que es código de muerte, es decir, los dos principios puros atraviesan necesariamente una muerte desde el punto de vista de su estado “original” para amalgamarse-fundirse-hibridarse y dar lugar a lo creativo, nuevo-diferente.
    Estoy hablando aquí de un plano abstracto, donde la calidad de ese vínculo es un vínculo al que podríamos llamar de Encuentro.
    Hay Encuentro cuando hay muerte de la forma anterior y es el Encuentro lo que posibilita la creatividad o la aparición de lo nuevo y diferente.
   Otras maneras de vincularse, cuando la parte-principio no se rinde a la muerte y se cristaliza como una posición que se niega a hibridarse, lo único que hay es repetición eterna de lo igual y por ende desvitalización.
    Lo vital entonces, es lo que se entrega a la muerte para dejar entrar lo diferente.
    En este sentido, yendo a un plano más concreto pero no personal,  el espermatozoide y el óvulo mueren como tales para dar lugar a la aparición de un nuevo ser, cada uno de nosotros, por ejemplo. 
    Otra vez el tres en la base. Y ese “nuevo” uno que es, a su vez, tres, va a encontrarse con otro uno-tres/principios vinculados encarnados.  Si este fenómeno de combinaciones y recombinaciones de las hebras es sostenido, lo “nuevo” se multiplica. Así se va tejiendo la Red de la Totalidad, a través de anudamientos de triángulos.
Basta recordar el diseño de un árbol genealógico.
    A nivel concreto, en nuestra experiencia cercana como seres humanos, en el mundo físico, estos dos principios quedan encarnados en hombres y mujeres (ver “El Amor...” como la energía al bajar de velocidad  toma diferentes formas en diferentes planos).
    El vínculo entonces implica necesariamente a la sexualidad. El resultado concreto más evidente de ese vínculo sexual es un nuevo ser, el hijo, nosotros, y así sucesivamente, la creatividad, expansión y crecimiento de la Red, de la Vida, es incesante. Podríamos pensar que las relaciones sexuales que no conducen a la creación de un hijo, sí conducen, o pueden conducir, al encuentro y como tal, a la recombinación y expansión de la energía en el orgasmo. Esa energía generada es “nueva”, diferente, está en movimiento y entonces, en ese sentido, desde el plano físico producimos un movimiento en el plano sutil que entrará en una secuencia de retroalimentación de planos. El concepto central al que hago referencia es al de dinamismo y movimiento como fundamento de lo creativo-expansivo-vincular.
    Para que la expansión sea tal, tiene que complementarse en la retracción y generar un movimiento pulsátil. Esa es una constante de la Vida que se observa en  toda la naturaleza.     Hasta la estructura del Viaje del Zodíaco nos lo muestra.
Crecimiento y creatividad  implica entonces un nivel necesario de discriminación y diferenciación en pos de un vínculo-encuentro. Eso es Totalidad. Eso es el único acercamiento posible al confuso concepto de “completo” (Ver “Triangularidad y nombre del…”).


Alquimia: Saliendo de la lógica ganar/perder gracias al neo-cortex para abrir el cardíaco.

    Muchas veces, sin embargo, parece que el vínculo se reduce a una lucha en la que alguna de las partes gana y otra pierde. Es lo que podemos denominar como lucha de poder o patrón de dominio.
    ¿La idea es discutir y que una de las partes gane la discusión o la idea es sostener diferentes miradas que posibiliten la emergencia de algo diferente (nuevo si lo pensamos en términos temporales)?
    Creo que no es posible pensar en una parte (cultura, civilización, persona, etc.) que gane sobre la otra. Nunca. Esto es lo intrínseco al vínculo. Cada parte es, necesariamente, incompleta, fragmentaria, “castrada”…porque eso es justamente lo que implica el vínculo. Porque esa incompletud de la parte, el hecho de que sea una parte, es lo que posibilita el crecimiento-creatividad-evolución-complejización, de la Totalidad.
    Es por esto que es una falacia la idea de pelear y que una parte gane sobre la otra. El ganar y el perder son fragmentarios y momentáneos, tiempos de desequilibrio inherentes a todo proceso de crecimiento, avance, evolución (de una persona, cultura, civilización, especie, teoría…). Es el tiempo en el que el pie izquierdo está más adelante que el derecho para poder caminar. Dura lo que el derecho tarde en pasar por delante del izquierdo.  Así se camina, así se avanza…
    Desequilibrio y acomodación decía Jean Piaget, dedicado a estudiar el desarrollo de los procesos cognitivos-mentales y de construcción de conocimiento.
    La que sigue pensando en términos de ganar/perder es nuestra mente, que no entiende al Amor como fundamento y al vínculo como única “unidad-entidad” posible (vínculo=entidad: paradoja!!). Nuestra mente que sigue sosteniendo la existencia de entidades completas en sí mismas rebelándose contra toda evidencia. Nuestro yo, que es justamente aquella función del ser que lo piensa como una parte completa y por lo tanto pierde la perspectiva opuesta, la de la unidad vincular, el yo no puede ver al ser como algo abierto porque en ese mismo punto se deshace y deja de existir.
    Retomando el principio, aunque pelearse sería una manera de vincularse, es una muy poco creativa, implica un vínculo o una relación entre posiciones cristalizadas que pujan por dominarse una a la otra, por ganar. Muy distinto es vincularse desde la búsqueda de un Encuentro, sintonizarse en las diferencias. Esto implica una modalidad de vínculo creativo y superador de la lógica del dominio-control. Encontrarse no es pelear, tampoco es tratar de ser iguales.
    Encontrarse sería que ambas partes discriminadas y diferentes de la Totalidad entren en sintonía. Que puedan mantenerse abiertas la una a las vibraciones de la otra y viceversa  y así  potenciarse mutuamente, dando lugar, inevitablemente a la aparición de lo nuevo y desechando, matando, lo que es viejo y ya no sirve.
    En realidad, pensándolo bien, ya existe un concepto para nombrar a este proceso: Alquimia.
    Para que se produzca, es necesario incluir lo que denominamos código de muerte. Esto es que las partes se dejen atravesar por la muerte en tanto tales, que estén dispuestas a abandonar las posiciones, a morir a un orden de cosas. Entonces, lo nuevo emerge gracias a la combinación de las partes que dejan de existir como tales, se hibridan, se amalgaman.
    Nuestra modalidad actual, nuestra mente, es la mente de la competencia. Competimos por la energía, nos cerramos sobre la porción de energía que creemos poseer y tratamos de dominar y controlar porque no tenemos confianza en que hay suficiente y para todos. Es la parte de cerebro reptil que conservamos (límbico) = patrón dominio-sumisión, que imposibilita la alquimia, imposibilita la creación o emergencia de lo nuevo y solo busca la reproducción fiel de la posición para eternizarla (código de reproducción) porque es más cómodo, más fácil, no da vértigo ni miedo y porque estamos encariñados con nuestras posiciones, nos dan una identidad, un lugar definido, quieto y seguro en la imparable y cambiante trama vital.
    Si no le temiéramos al abandono de nuestras amadas posiciones que nos dan un lugar y una identidad, si pudiéramos soltar la energía que acumulamos en esas construcciones (corazas-burbujas neurótico-autísticas) ante el terror a deshacernos, si pudiéramos convencernos de que lo que se deshace no es lo tan importante y pudiéramos sentir que hay energía en abundancia y que entonces controlarla y acumularla en una posición no tiene sentido, si pudiéramos permanecer abiertos y dejarnos atravesar por la energía, la cosa sería muy distinta. Permanecemos abiertos, soltamos energía hacia el otro y recibimos la que se entrega (flautas de “La Humanidad…”). Nos entregamos los unos a los otros. Las energías se encuentran y se produce el espiral en ascenso, el salto cuántico, el nuevo orden de cosas. La Alquimia.
    Desde ahí podemos encarar un vínculo más abierto que puede potenciarse y evolucionar. Que puede instalar una diferencia en la reproducción porque las partes se permitieron morir en el orden de cosas anterior. Esto es código de muerte. Dejarse atravesar por la muerte es lo único que posibilita la vida. En ese sentido decimos que desde allí se puede producir un crecimiento en espiral. Una vez más, muere una supuesta entidad para hibridarse-fundirse-amalgamarse con otra y dar lugar a una nueva. Igualmente, paradojalmente otra vez, la entidad en tanto tal nunca había existido. Era una construcción de la mente necesaria para sostener una coherencia en el intercambio (yo) pero SIEMPRE había sido el vínculo.
    Parecería que la clave para esto, siendo humanos, cuerpos físicos, yoes en un nivel, estaría, entre otras cosas, en modular la reacción. No reaccionar. La reacción es siempre del yo, es siempre defensiva y en tanto tal, cerrada y destinada a cerrar. Inhibir la reacción (que en términos de chakras es del plexo y no del cardíaco) obliga a ensanchar el cardíaco.
    La reacción puede ser modulada en el ser humano gracias al funcionamiento del neo-cortex y el desarrollo del lóbulo frontal, encargados de inhibir los impulsos animales básicos. Estas inhibiciones, que en un principio fueron represiones masivas que respondían a preceptos morales y mandatos religiosos, que tantas consecuencias negativas generaron (uno de los desequilibrios necesarios a lo largo de la evolución), hoy pueden ser puestas al servicio de la inteligencia vincular. En términos de chakras, con la inhibición y sostén de la reacción del plexo, se genera un quantum de energía acumulada que necesariamente, para encontrar una salida, abre espacio en el cardíaco y así, algo se acomoda. Ahí algo se vuelve más amoroso.
    Ese sería también el misterio de la sexualidad como ya se esbozó más arriba. Orgasmo = pequeña muerte…Pero esa investigación la dejamos para otro momento…


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